José Luis Ramírez Vargas
Imagen: https://en.wikipedia.org/wiki/Agust%C3%ADn_de_Iturbide
HÉROE OLVIDADO EN EL FESTEJO DEL “GRITO”
«Mexicanos: Ya saben el modo de
ser libres. A ustedes les toca el de
ser felices» Agustín de Iturbide. 1821
Cuando escuchamos anualmente a los políticos de todos los niveles realizar en medio de festejos el “grito de la Independencia” el día 15 de septiembre por la noche y mencionar a los “héroes que nos dieron Patria”, parecería que nos han acostumbrado a no escuchar el nombre del verdadero artífice de la Independencia: un morelense, criollo, devoto católico y ex comandante del ejército realista: Agustín de Iturbide y Arámburu.
En efecto, la historiografía -la más elemental- nos enseña que ese personaje fue quien encabezó el proceso que culminó con la proclamación y firma oficial de la Independencia de México, sin derramamiento de sangre, el 28 de septiembre de 1821.
Un día antes había hecho su entrada triunfal en la Ciudad de México el Ejército Trigarante. Este ejército tuvo su origen en el Plan de Iguala de febrero de ese mismo año. El Plan proclamaba la Independencia de México estaba firmado por Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero bajo el lema y bandera de las tres garantías: Independencia, Religión y Unión. El Acta firmada ese día proclamaba: “La Nación Mexicana es soberana e independiente de España”, y tomaría la forma de “Imperio mexicano”, o sea, de una monarquía constitucional, como era el caso de muchos países europeos.
El trono de esa monarquía constitucional, independiente de España, se ofreció primeramente a Fernando VII o a otro miembro de la familia real española, pero éstos se negaron pues no reconocían la independencia.
Ante ese vacío de poder, Iturbide se proclamará emperador seis meses después, el 19 de mayo de 1822, proclamación aceptada como tal por el Congreso Constituyente.
Las desavenencias surgidas con el Congreso con respecto a atribuciones que deseaba Iturbide fueran del ejecutivo, condicionaron su decisión de disolver el Congreso pues lo consideraba un obstáculo para gobernar. Por su parte el Congreso, compuesto por enemigos de Iturbide en su mayoría, optaba por una solución republicana ¿Quién debía ejercer la soberanía en el México independiente: el emperador o la representación nacional reunida en el Congreso? En 1822 Iturbide disuelve el Congreso y lo sustituye por una Junta Nacional, pero una vez restablecido, la balanza se inclinó de parte del Congreso.
Iturbide presenta su abdicación, y el Congreso declara nula la coronación y ordena su salida. Un año después lo declara traidor si regresaba a territorio mexicano. Lo paradójico del caso es que Agustín de Iturbide desconocía ese decreto, pues se expidió justo cuando volvía a México, de tal manera que, con su vuelta al país firmó su sentencia de muerte. Su fusilamiento, antes del cual le fue negada la asistencia de un sacerdote, tuvo lugar un 19 de julio de 1824.
Pero volvamos a nuestra premisa inicial con respecto al olvido expreso de uno de los héroes -si no el principal- de la Consumación de la Independencia. La narrativa histórica desde el poder ha reescrito una “historia oficial”, la cual ha sido transmitida de generación en generación, de tal manera que hoy en día resulta arduo y complejo establecer una narrativa más acorde con los hechos, basada en análisis serios desprovistos de prejuicios e ideologías.
El nombre de Agustin de Iturbide estaba estampado en los muros del Congreso constituyente desde la década de 1830, pero fue quitado en 1921 por decreto del Congreso, en manos de los revolucionarios radicales. Cincuenta años después, en tiempos del presidente Luis Echevarría, en la década de 1970, se “conmemoró” la consumación de la Independencia, pero el héroe y autor, por decreto oficial, seria…Vicente Guerrero. Agustín de Iturbide pasó a ser oficialmente el innombrable, y quedaría desterrado del panteón de los héroes y de la “historia oficial”.
No se pueden negar los claroscuros que haya habido en su vida, tanto en su lucha como comandante de los ejércitos realistas como después en el poder ejecutivo a la cabeza del imperio mexicano. Sin embargo, lo que también es innegable es su actuación de 1821, la cual fue decisiva para lograr la independencia luego de diez años de luchas fratricidas. El Plan de Iguala, con sus tres principios: religión católica, independencia y unión, logró la unidad de antiguos insurgentes, realistas, criollos, mestizos y otros grupos. Por lo que no cabe la menor duda en afirmar el papel central de Iturbide en el nacimiento del Estado mexicano independiente.
Entonces ¿Su fallo fue el hecho de proclamarse emperador? No olvidemos que la consumación de la Independencia no implicaba necesariamente que México tuviera que ser republicano. La monarquía constitucional era una de las alternativas políticas de la época existentes en esas primeras décadas del siglo XIX. El Brasil independiente con un emperador es un buen ejemplo de ello.
¿Por que una de las garantías era la religión católica? Recordemos que la Constitución de Apatzingán en 1814 incluía a la religión católica, apostólica romana como la única que se debía profesar en el Estado. Sólo que al cabo de diez años las ideas republicanas y liberales traídas de Estados Unidos, aunadas a la influencia de las dos corrientes masónicas, la escocesa y la yorquina, habían permeado la mentalidad de la clase política en esa década.
Por otra parte, al colocar a la religión católica como una de las tres garantías, lo que el nuevo imperio hacia era ratificar la unidad de todos los mexicanos bajo ese principio, sin que se le pueda tachar de intolerante o falto de inclusión, pues en ese entonces no había en la Nación otra iglesia distinta de la católica.
Hoy en día, al cabo de varias generaciones cuya única información han sido los libros de texto, reforzados ahora por los de la “nueva escuela mexicana”, el nombre de Agustín de Iturbide parece haber caído más en el olvido. Toca a los historiadores en primera instancia, y a todos los que tengamos un mínimo de curiosidad, cuestionar esa “historia de bronce” y retomar el sentido crítico y veraz de los acontecimiento de nuestra Historia en donde hubo un protagonista que una historia tergiversada e ideológica ha querido borrar de las conciencias.
Y así, tal vez algún día escucharemos un 15 de septiembre ante el Palacio presidencial y de los gobiernos este grito: “¡Viva Agustín deIturbide, libertador de México!” … y el día 28 sería día de asueto…
jlramirez@itesm.mx


