domingo, abril 05, 2026
Siempre, siempre... llega la Pascua 🙏
sábado, marzo 07, 2026
LUCHAR O MORIR POR CRISTO REY: LA CRISTIADA, A 100 AÑOS DEL SURGIMIENTO DE UN CONFLICTO
“Campamento del General Federico Vázquez, Durango, 1937”. Fotografía de Jesús Sanz Cerrada.
José Luis Ramírez Vargas
En la década de 1920 nuestro país vivió uno de los conflictos más violentos de su historia, después de las revoluciones iniciadas en 1910. Un poco más de 100,000 muertos fue el resultado de una guerra civil no declarada por el Estado, en un país con 15 millones de habitantes.
Este acontecimiento que dejó una marca imborrable en la Historia de la Iglesia en Mexico había sido sistemáticamente ignorado o menospreciado por la “historia oficial” que siempre vio en ello un suceso de poca importancia suscitado por grupos de fanáticos. Sin embargo, a partir de estudios como el del historiador francés Jean Meyer, ha comenzado a ser tomado en consideración. El levantamiento armado de hace 100 años, por parte de los católicos -llamados despectivamente “cristeros”- fue provocado por la agresión del Estado mexicano a las instituciones y asociaciones católicas por medio de la aplicación de leyes que coartaban la libertad y la práctica religiosa.
Recordemos algunos hitos de este período. En efecto, el gobierno de Plutarco Elías Calles, cuyo objetivo era modernizar al país bajo un modelo nacionalista y centralizador, mediante la creación instituciones como el Banco de México y el Partido Nacional Revolucionario, incluía en su proyecto el limpiar al país de “supersticiones”, eliminando paulatinamente al clero, e imponiendo una educación laica y atea en todo el país. La llamada “ley Calles” de julio de 1926, fue una aplicación estricta de las leyes anti religiosas promulgadas en la Constitución de 1917.
Entre otras cosas obligaba a los sacerdotes a registrarse como ministros de culto ante el Estado. Éste tenía el derecho a limitar el número de sacerdotes, expulsando a la vez a los sacerdotes extranjeros. Los ministros de culto no podían opinar sobre asuntos políticos y si lo hicieren perderían sus derechos civiles. La Iglesia no podía poseer bienes inmuebles. Se prohibieron las órdenes religiosas y se cerraron los seminarios y colegios católicos. Habría Multas y prisión para sacerdotes que violaran la ley. Control de templos.
Hubo manifestaciones masivas en varias ciudades del país, sin embargo, agotados los medios legales, la asociación de laicos católicos llamada Liga por la Defensa de la Libertad Religiosa decretó un boicot económico que encontró una gran acogida entre la mayoría de la población del centro y occidente del país. Pero luego de que el episcopado mexicano decidiera la clausura de los templos y del culto divino como medida extrema de protesta en contra de las leyes injustas, la aplicación de dicha ley derivó en una auténtica persecución en contra de la Iglesia obligada a operar en la clandestinidad. Al tiempo de que el Estado, con esas medidas, declaraba que sólo intentaba “hacer guardar la Constitución”, se suscitaron espontáneamente en varias regiones de Jalisco, Michoacán, Guanajuato, Colima y Zacatecas los primeros levantamientos armados por parte de la clase campesina con el grito de “¡Viva Cristo Rey!, por lo que el movimiento tomó el nombre de “Guerra cristera” o “Cristiada”. Más de 50,00 efectivos llegaron a estar activos durante los enfrentamientos contra un ejército numeroso y bien pertrechado. Extensas regiones de esos estados fueron tomadas y controladas por los cristeros que pusieron en jaque al ejército.
Fueron numerosos los caídos que, empujados a tomar las armas, lo único que querían era salvaguardar su religión. Esto, a pesar de que los obispos (salvo dos excepciones) recomendaron siempre la resistencia civil no armada. Auténticos mártires los hubo, sacerdotes y laicos, los cuales, sin haber empuñado las armas, dieron su vida por defender su Fe y a la Iglesia. Muchos de ellos han sido canonizados o beatificados, la mayoría por el Papa Francisco. Los ejemplos son numerosos, como el jovencito José Sánchez del Rio quien prefirió morir antes de renegar de su Fe, el P. Miguel Agustín Pro, jesuita, acusado injustamente de participar en el atentado en contra de Álvaro Obregón, los sacerdotes Cristóbal Magallanes Jara y Agustín Caloca Cortés, acusados de participar en la Guerra cristera, Anacleto González Flores, joven abogado, líder de la resistencia pacífica en Jalisco, el P. José Ma. Robles Hurtado, fundador de las Hermanas del Corazón de Jesús Sacramentado, quien murió perdonando a sus enemigos. Otros, cuyos nombres sí conocemos, podrían alargar la lista. Muchos otros que permanecen en el anonimato, murieron como ellos confesando a Cristo Rey, y son auténticos mártires de esta persecución que asoló y al mismo tiempo purificó a la Iglesia mexicana.
Celebramos la memoria de nuestros mártires, y nos encomendamos a su intercesión, pero al mismo tiempo admiramos la gesta heroica de los que no vieron otra opción que tomar las armas como último recurso para defender su Fe. Muchos de ellos serían cobardemente asesinados luego de los “arreglos” de 1929. El gobierno de Emilio Portes Gil y una comisión de obispos habían llegado a un “modus vivendi” en el que la Iglesia reanudaría sus actividades bajo ciertos controles, sin que se modificaran las leyes, sólo que sin una aplicación estricta de las mismas.
Nuestros mártires y los cristeros nos han dejado un ejemplo a imitar, su firme adhesión a Cristo Rey y la salvaguarda de su Fe, aún a costa de su vida. Los primeros, imitando su vida, en la cual se cumplió a la letra la profecía de Isaías sobre el Siervo de Yahvé: “no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero… enmudeció, y no abrió su boca” (Is. 53, 7). Nuestra admiración a los segundos quienes, a imitación de Judas Macabeo fue “invencible para los gentiles” (II Mac. 8, 5), y se levantó para defender el Templo profanado y limpiar la afrenta hecha al pueblo por los gentiles.
jlramirez@itesm.mx
Para saber más:
Meyer, Jean. La Cristiada, 3 vol. México: Ed. Silo XXI, 8a. ed., 1983
sábado, febrero 28, 2026
Actividades de la Arquidiócesis de Monterrey en el Día del Patrimonio de Nuevo León
Vea la Agenda completa de Actividades para este 1o de marzo de 2026 en:
https://www.patrimoniodenuevoleon.org/
Museo Arquidiocesano de Arte Sacro
“Bienes Culturales de la Iglesia”, recorrido guiado por la exposición permanente. Conoce el acervo histórico y artístico que forma parte de la exposición permanente del museo.
Presencial | 10:00 - 17:00 Vicente Guerrero y 15 de mayo, Colonia Centro, Monterrey. 81 3120 3707 museo@arquidiocesismty.org; museoarquidiocesismty.org
Arquidiócesis de Monterrey. Comisión de Bienes Culturales
Visita guiada a cargo de Pbro. José Raúl Mena Seifert Basílica Purísima Concepción Historia, información general del edificio, riqueza cultural y artística.
Presencial | 14:00 Virtual | 14:00 Basílica y Parroquia La Purísima Concepción Miguel Hidalgo y Costilla s/n, Centro, 64000, Monterrey, N.L. 81 3120 3707 museo@arquidiocesismty.org museoarquidiocesismty.org
miércoles, diciembre 24, 2025
Que Navidad sea Jesús siempre
Que no olvidemos nunca de festejas sin el verdadero festejado.
¡Feliz y Bendecida Navidad para ustedes y sus seres queridos!
Imagen: Matthew Herrera. El pesebre más grande de Latinoamérica en la Basílica del Voto Nacional (Quito, Ecuador)
sábado, noviembre 15, 2025
Mater Populis fidelis
Imagen: https://www.schoenstatt.org/es/iglesia/2025/11/una-magnifica-noticia-para-el-movimiento-de-schoenstatt/
Con este nombre se emitió el 4 de noviembre pasado esta Nota doctrinal por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, con la anuencia del Santo Padre, el Papa León XIV.
Ni bien presentada, llovieron los comentarios y las críticas de todo tipo y calibre de todo tipo de fieles y de todos tipo de miembros del clero.
A mi me llama mucho la atención eso en primer lugar porque es una carta larga (80 números y 197 entre notas y referencias) y parecía que ya a las pocas horas todos la habían leído, meditado, ponderado, juzgado, etc.
El trabajo de meses (o años) de un equipo preparado, más allá del Cardenal Prefecto, con una mirada profunda en los temas tratados, es indicado en la Presentación:
¨La presente Nota responde a numerosas consultas y propuestas que llegaron a la Santa Sede en las últimas décadas —particularmente a este Dicasterio— sobre cuestiones relacionadas con la devoción mariana y sobre algunos títulos marianos. Son cuestiones que han preocupado a los últimos Pontífices y que han sido repetidamente tratadas en los últimos treinta años en los diversos ámbitos de estudio del Dicasterio, como Congresos, Asambleas ordinarias, etc. Esto ha permitido a este Dicasterio contar con un abundante y rico material que alimenta esta reflexión.¨
En primer lugar mi invitación es a leer este documento y aquilatarlo a la luz de la fe y la devoción marianas.
La segunda invitación es a leerlo en esta perspectiva:
"...más que proponer límites, la Nota busca acompañar y sostener el amor a María y la confianza en su intercesión materna."
En efecto, es una Nota doctrinal muy rica en referencias bíblicas, de la Tradición y el Magisterio.
Entonces, ¿dónde radica el problema? En desaconsejar el uso del título mariano Corredentora y en las reservas en torno a María como Mediadora.
Eso ha llenado de ira al parecer a muchos devotos y las expresiones muchas veces fuera de lugar, confirmar una tendencia dentro de ciertos ambientes eclesiales: Juzgar a la Iglesia, al Papa, a la Iglesia, y dar espacio a estériles discusiones, o mejor, simplificadas discusiones, que no ayudan en nada a dilucidar primero lo que dice la Nota e interpretarlo en un sentido recto y justo.
Hablar de María como Discípula parece para muchos escándalo (como si fuera una blasfemia), cuando ella misma se dice "Esclava del Señor" (Lc. 1,38).
En fin, que la idea de Corredentora y Mediadora para muchos (reconoce la nota que al menos 7 veces hablo San Juan Pablo II de María como Corredentora) o algunos, puede ser "arriesgada" si no queda clara esa función en la referencia clara de Cristo como único Redentor y Mediador entre Dios y los hombres.
Es una divergencia teológica sin duda, y la solución (desaconsejar, no prohibir) es en el mismo tono.
Y esto no es anormal en la Iglesia. Por ejemplo, durante 6 siglos, del XIII al XIX estuvo la disputa del título de Inmaculada, nada menos que entre dominicos y franciscanos. Y llegó a momentos álgidos en algunos lugares.
Toda esta disputa quedó saldada cuando el Papa Pío IX declaró el Dogma de la Inmaculada Concepción en 1854.
Seis siglos de disputa... no dudemos que la actual pueda durar igual o más, pero sepamos ante todo que la Divina Revelación y el Depositum Fidei se mantienen incólumes y nada ha variado en la doctrina Católica en torno a la Madre de Dios (que no depende de títulos devocionales) por esta Nota. Es más, se ve reafirmada en profundidad.
Daniel Jorge Sanabria Barrios
Candidato al Diaconado Permanente
Diócesis de Mexicali, México
viernes, septiembre 05, 2025
ADIÓS AL ESTADO LAICO Y RESURGIMIENTO DE LA ANTIGUA RELIGIÓN
Foto: Diario El Debate, 3/9/25
Por José Luis Ramírez Vargas
Si creíamos que el Estado laico era una realidad
consolidada en nuestro México, desde la promulgación de las Leyes de Reforma
del presidente Benito Juárez, estábamos equivocados. Este 1° de septiembre, los
medios de comunicación han publicado una ceremonia religiosa llevada a cabo en
la toma de posesión de uno de los tres poderes de la República. Para asumir el
cargo, los miembros de la nueva Suprema Corte de Justicia de la Nación llevaron
a cabo un acto religioso, primero de purificación, realizado en sus oficinas e
instalaciones; posteriormente fue completado por un ritual de consagración
de los bastones de mando. No, estimado lector, no se trató del epílogo de una
Santa Misa o de una bendición sacada del Ritual Romano, sino de la puesta en
escena de antiguos ritos provenientes de la herencia religiosa mesoamericana.
La jornada comenzó con un rito sagrado de purificación,
utilizando copal y sahumerios, para “limpiar energías”, llevado a cabo por
personas provenientes de diversas comunidades indígenas. Se mencionaron
deidades ancestrales como Tonantzin y Quetzalcóatl y hubo ofrendas simbólicas
con alimentos, flores, semillas y velas. Posteriormente, se realizó la
“consagración” o entrega de los bastones de mando, representativos de liderazgo
comunitario, a los nuevos ministros. Para este rito, festivo-religioso, el
sitio escogido fue la zona arqueológica de Cuicuilco, al sur de la Ciudad de
México, centro urbano y ceremonial, uno de los más antiguos de Mesoamérica.
Llama la atención en estas ceremonias la amalgama de
divinidades a las que se hizo referencia, vinculadas unas a fuerzas naturales como el fuego, el agua,
la fertilidad y el sol, o a dioses personales como Quetzalcóatl, Tonantzin. Los
rituales que se realizaron provenian de diversas épocas y culturas. Por
ejemplo, la entrega ritual del bastón de mando tal como se realiza hoy en día
es una creación reciente, mezcla de herencias indígenas prehispánicas y
coloniales a la que se ha dado una connotación política.
Ante estos hechos, si echamos un ojo a los artículos 40 y
130 de nuestra Carta Magna, podemos deducir lo siguiente: Que un poder público
no puede organizar un acto religioso ni como tal formar parte en dicho acto,
porque eso significaría tomar partido por una determinada religión, y romper la
neutralidad del Estado laico. A tenor de dichos artículos, el gobierno no puede
favorecer a ninguna religión ni puede identificarse oficialmente con alguna. Por
esta razón, nos preguntamos: ¿en dónde quedó el espíritu y la letra de lo
promulgado por la ley? ¿acaso no se le ha reclamado en años recientes a la
Iglesia la más mínima intervención en algún asunto protocolario o político
calificándolo como violación al Estado laico? Las preguntas quedan en el aire.
Volviendo al tema del acto festivo-religioso de la toma de posesión de la nueva
SCJN, en donde confluyeron los más diversos ritos, tal vez hizo falta hacer una
alusión -al menos simbólica- a ese rito, el más importante para las culturas
mesoamericanas, de los sacrificios humanos. En ellos se alimentaba a los dioses
con corazones humanos para que el universo siguiera existiendo, se garantizara
la fertilidad de la tierra y legitimara la autoridad de los poderes
político-religiosos. Sin embargo, nos es lícito suponer que, detrás de esos
rituales de purificación, de consagración y de entrega del bastón de mando al
nuevo poder judicial subyace o se esconde ese rito central que reafirmaba el
poder del Tlatoani y fortalecía la salvaguarda del orden político-social ¿Quiénes
son ahora las víctimas a sacrificar?
Recordemos a Octavio Paz, en su “Postdata al Laberinto
de la soledad”, en donde planteaba cómo un Estado moderno -y de tendencias
totalitarias- reproduce, bajo otras formas, esos antiguos rituales, ahora como
sacrificios humanos al ídolo moderno del poder y del Estado. Si bien su
interpretación hacía referencia a la matanza del 2 de octubre de 1968, toda
proporción guardada, ahora el Estado, disfrazado de “transformación”, actúa
como heredero de un poder sagrado que exige sangre simbólica para legitimarse. No
hemos roto, decía Paz, con la lógica sacrificial antigua, sino que la hemos
transformado en una práctica política contemporánea. El poder político -unido
al judicial y legislativo- reclama hoy víctimas para sostenerse, llámense éstas
“corrupción”, “neoliberalismo”, “conservadorismo” u otros. ¿Cómo salir del
esquema sacrificial al que recurre ahora ritualmente el Estado? No cabe duda,
concluía Octavio Paz, que urge una apertura democrática, la crítica y el
diálogo como únicas salidas al ciclo de violencia.
P.S. Que el Estado sin dejar de ser laico considere a la
Iglesia -y las iglesias- como interlocutores y artífices para la construcción
de una sociedad más justa e igualitaria. No es necesario recurrir a
ritos ancestrales que, en el presente, fuera de lo simbólico, ya no tienen
ninguna fuerza representativa en la sociedad.
lunes, junio 30, 2025
¿ORGULLO? PREGUNTAS Y REFLEXIONES
José Luis Ramírez
Vargas
No podemos
negar que las recientes marchas del “orgullo gay” en contra de la
discriminación y en pro de la igualdad se enmarcan en la perspectiva del
espíritu de los tiempos en el que la lucha por el reconocimiento de los
derechos de las minorías sociales se inscribe como una alta prioridad
impostergable. Numerosos integrantes de esas agrupaciones, todavía en el pasado
reciente, se han visto relegadas o marginadas en el mundo laboral o en los
medios académicos en razón de su personalidad, hecho que contradice el derecho
natural que tiene toda persona de ser respetada en razón de su dignidad. Las
expresiones y planteamientos de las marchas recientes de las asociaciones
LGBT+, con el consecuente apoyo gubernamental y masivo de sectores sociales no
puede dejarnos indiferentes, y nos llevan a algunas reflexiones y preguntas.
Nuestro siguiente comentario en torno a dichas
marchas por el “orgullo gay”, por más respetuosa que pretende ser, puede ser
considerada por algunos como políticamente incorrecta, pero reitero, es sólo
con el ánimo de dilucidar un fenómeno social por demás complejo de nuestro
tiempo.
El romper
con las normas sociales y morales ha sido desde antiguo una válvula de escape
del hombre en búsqueda de una liberación de todo lo que lo obliga o reprime. Pero
no se puede negar que hoy en día la
búsqueda de la liberación de las normas que nos regían anteriormente nos está
llevando a la construcción de otra normatividad, la pregunta seria: ¿no será
esa nueva normatividad más coercitiva que la primera? ¿estamos en vías de
normalizar un nuevo “pensamiento único” que invalida o condena el derecho a las
otras propuestas?
Por otra
parte, la violencia, la inseguridad, el miedo al futuro, típicos de nuestra
época, producen como efecto en la sociedad el deseo de romper con las leyes
morales, éticas, legales o de cualquier otro tipo. Los festejos que acompañan
las protestas de estos movimientos sociales se convierten así para muchos en una
excelente ocasión para la expresión pública de la desinhibición. Recordemos que
esta función venía cumpliéndose desde la antigüedad, como en el caso de las
fiestas de los Lupercales en la antigua Roma, y en el contexto de la
cristiandad medieval en la fiesta del Carnaval. Ante esto me pregunto: ¿Esta
combinación de fiesta y desfile tiene un interlocutor ante el cual se plantea o
expone de forma racional un “pliego petitorio”, o más bien se reduce sólo a una
ocasión para dar libre cauce a los sentimientos de un público ávido de una
libertad individual aunque fuera momentánea?
Las marchas por
el “orgullo” enarbolan, con sus vistosos rituales la afirmación de una
identidad sexual de los individuos distinta a la grabada en la anatomía con la
que se nace. Nos preguntamos: ¿esa afirmación identitaria se funda en conceptos
científicos, o sólo en el sentir autorreferencial? ¿el sentimiento personal
cambiante y sujeto sólo a la voluntad personal puede equipararse a la
objetividad de un cuerpo cuyo ADN está bien definido desde la concepción del
ser humano? ¿en qué base científica se basa la pretendida diferencia entre
identidad sexual e “identidad de género”?
Para probar
la cientificidad de la postura de la que hablamos, se habla de “fundamentos
académicos” y de lo afirmado por instituciones internacionales -las cuales como
la OMS hasta hace poco publicaban una postura distinta-. De cara a esas afirmaciones, no podemos negar
que la ratificación de la identidad sexual dependiente sólo de la decisión
personal nos lleva al concepto de ideología, por lo que tal vez venga a cuento
lo que comentaba hace varios años el filósofo comunista Louis Althusser. Si
bien él la refería a la ideología dominante del poder político, puede sin
embargo aplicarse a todo tipo de ideología. Ésta, además de ser un conjunto de
ideas falsas, es un sistema de representaciones y prácticas que determinan la
relación de los individuos con sus condiciones de existencia, y se materializa
en instituciones y prácticas sociales que moldean la forma en que los
individuos se perciben a sí mismos y al mundo. Como tal, prosigue Althusser, representa
de manera imaginaria la relación de los individuos con sus condiciones reales
de existencia, no con la realidad misma. La ideología opera -prosigue el
filósofo- de manera inconsciente, moldeando las acciones y pensamientos de los
individuos sin que estos sean plenamente conscientes de su influencia. La
ciencia y el pensamiento científico pueden romper con las ideas ideológicas
para acceder a una comprensión real de las relaciones sociales.
Como
corolario a estas reflexiones, lo comentado recientemente por el Papa León XIV en
el Jubileo de los gobernantes es digno de mencionarse. “La ley natural –
decía el Papa- es la referencia universal para legislar sobre cuestiones
éticas, incluidas las relativas a la intimidad personal… la ley natural, como regla
universal siempre válida, encuentra en la naturaleza misma su forma más válida,
plausible y convincente”. El fundamento de dicha afirmación del Papa
León no es la Biblia, como podría pensarse, ni un autor cristiano, sino un
escritor de la Antigüedad Clásica: Marco Tulio Cicerón (s.I a.C.), quien
describía la Ley natural con estas palabras: “La ley natural es la recta
razón, conforme a la naturaleza, universal, constante y eterna, que con sus
mandatos invita al deber, con sus prohibiciones disuade del mal... No está
permitido modificar esta ley ni suprimirla en absoluto, ni es posible abolirla
por completo; ni podemos liberarnos de ella mediante el Senado o el pueblo... Y
no habrá una sola ley en Roma, una sola en Atenas, una sola en el más allá;
sino una sola ley eterna e inmutable que regirá a todos los pueblos en todos
los tiempos” (Cicerón, De re publica III, 22). El Papa prosigue en su
discurso: “La ley natural, universalmente válida más allá de otras creencias
discutibles, constituye la brújula para legislar y actuar… Que la ley se llame
«natural» significa dos cosas: la primera es que el hombre la conoce por «connaturalidad”
o siguiendo su naturaleza inteligente; la segunda es que para él es espontáneo
e inmediato y por lo tanto natural, conocerla. Y resume así: la ley natural
necesita el apoyo de una razón capaz de comprender toda la realidad …”. La pregunta
que nos inspiran estas palabras seria la siguiente: ¿no es una casualidad que
sólo la estructura social, natural y antropológica hombre-mujer, y de
preferencia de forma estable, pueda garantizar el futuro o supervivencia de la
Humanidad, y por ende la existencia de nuevas generaciones? ¿No ameritan las
familias llamadas “tradicionales”, por parte del Estado un decisivo y
sustancial apoyo como una prioridad de las políticas públicas?
Una última
pregunta nos viene a la mente: ¿la condición de la homosexualidad al asumirse
como un “orgullo” por las organizaciones, tiene en cuenta la realidad que viven
numerosas personas (niños, niñas, adultos) que viven en su intimidad, en
secreto o con discreción, un profundo sufrimiento en un entorno a menudo
hostil? ¿Qué acciones concretas para ellos de atención, seguimiento o
acompañamiento han programado las organizaciones LGBT+?
Estos
cuestionamientos, lejos de tener la intención de denostar a las personas o las
posturas de las organizaciones, pretenden sólo puntualizar algunos aspectos de
la realidad compleja de este fenómeno social y que viven muchas personas. Sobre
esto, es importante tomar en consideración lo afirmado por la doctrina de la
Iglesia en el Catecismo: acoger a estas personas y evitar toda discriminación
“(Los homosexuales) deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se
evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas
están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y si son cristianas,
a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar
a causa de su condición”. (C.I.C, 2358).
P.S. En el
curso de las manifestaciones por el “orgullo gay” del pasado 29 de junio en la
Ciudad de México, se exhibió un carro alegórico que ofendió gravemente a
millones de católicos. Integrantes de la comunidad aparecieron vestidos de
manera burlesca como obispos, sacerdotes e incluso como el Papa. Un claro acto
de mofa hacia nuestros símbolos más sagrados. Los católicos exigimos respeto a
nuestros símbolos e instituciones, de igual manera como respetamos sus
manifestaciones.



