Por el Mtro. José Luis Ramírez Vargas
Madrid, 1936: en el
inicio de la sangrienta guerra civil. De la enigmática Puerta de Alcalá pendían
las imágenes de Lenin y de Stalin, y milicias, sindicatos y partidas de comunistas
se organizan en comandos armados y se convierten en los amos y señores de la
capital realizando pillajes, detenciones arbitrarias y múltiples asesinatos de
todos los que ellos consideraban elementos “fascistas”, enemigos del frente
popular. Madrid se tiñó de sangre, Las “checas” y “milicias de la república” se
ensañaron en particular en contra de los sacerdotes, religiosos y religiosas,
los templos y las imágenes, en un malévolo intento de borrar todo vestigio de cristianismo.
Hoy en día, noventa años después de esos trágicos
acontecimientos, la ciudad de Madrid, se viste de fiesta y sale a las calles a
aclamar y dar la bienvenida al Papa León XIV, cabeza de la Iglesia Católica, En
la segunda jornada de su visita apostólica celebra la Santa Misa, en la Plaza
de Cibeles, ante un millón de personas que inundaron la plaza y las calles
vecinas. Los viejos carteles son sustituidos por imágenes del Papa León, y
frases alusivas a su visita.
El sábado 6, medio millón de personas, en su mayoría
jóvenes, se congregaron en las zonas aledañas al estadio Santiago Bernabeu del
Real Madrid para una vigilia de oración. Y más de un millón de personas
inundaron la Plaza de Cibeles y las calles aledañas. Ahora Madrid es una ciudad que está “más
cerca del Reino de Dios”, decía en su discurso a los voluntarios.
El discurso al gobierno y al parlamento español en el hemiciclo
fue directo y pertinente: hace falta una “renovación moral” en los parlamentos
y en la vida pública para garantizar el respeto a la dignidad de todas las
personas, los migrantes, los no nacidos y los más vulnerables. “La grandeza
moral de una nación se manifiesta, sobre todo, en su capacidad de acompañar,
proteger y amar aquellas vidas que atraviesan mayor fragilidad”.,, “las
diferencias se escuchan, se ordenan y, cuando es posible, se convierten en
decisión”. A pesar de las discrepancias con el pensamiento del pontífice, de
miembros del gobierno y del parlamento, de pie, ovacionaron al Papa León
durante siete minutos.
En la Barcelona de hace noventa años, luego del fracaso de
la insurrección militar en contra de la república, numerosas patrullas de
incontrolados se organizaron y fueron cometiendo asesinatos de todos aquellos
que consideraran “enemigos del pueblo”. Entre 1936 y 1939 fueron asesinados en
Cataluña 2.400 sacerdotes, religiosos y religiosas. En 1936, en el curso de
unas semanas fueron ejecutados 170 hermanos maristas.
Hoy, tres generaciones después de esos acontecimientos, más
de 100,000 personas se congregaron, dentro y fuera de la Basílica de la Sagrada
Familia, incluyendo autoridades, clero, miembros de otras religiones y fieles
en general. La analogía del templo con la Iglesia en su homilía fue toda una
catequesis. El Papa bendijo trece
piedras que serían el inicio de otros tantos templos e iglesias en la ciudad.
En todos sus discursos el Papa León resonó el mensaje central de su visita:
Jesucristo Salvador,
¿España no era ya un país “laico”, años después de la
desaparición del franquismo? En los setenta, un 90% de españoles se
identificaban como católicos, y recientemente sumaban sólo 56,1%, según el Centro
de Investigaciones Sociológicas. Sin embargo, los tiempos parecen revertir las
estadísticas. La imagen que percibimos fue la de una Iglesia joven, vigorosa,
comprometida y valiente frente al mundo y las ideologías. Veremos qué dicen las
próximas estadísticas, después de esta histórica visita papal.
“Hoy la Iglesia de
Madrid ha metido un golazo”, decía el Papa en el estadio Bernabeu.
Para saber más: Viaje apostólico del Papa León a España. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/travels/2026/documents/spagna-6-12giugno2026.html