Imagen: Wikipedia
José Luis
Ramírez Vargas
“Y puedo cambiarte el nombre, pero no cambio la
Historia”.
Estas palabras de una de las canciones de Joan Sebastian
(+2015), me vienen a la mente, luego de escuchar a la presidente de la
república el anuncio de que se cambiará el nombre al “Paso de Cortés” por “Paso de los Pueblos Indígenas”, dado
que la ruta, según la decisión, fue utilizada por los pueblos nahuas antes del
paso de Hernán Cortés. Con ese cambio se busca afianzar o grabar en la memoria
el papel de indígenas antes de la llegada de los españoles.
Sólo que…
la memoria histórica ha fijado ese nombre para designar el paso de Hernán
Cortés hacia Tenochtitlán en 1519, acompañado por miles de guerreros indígenas
aliados, sobre todo tlaxcaltecas, de tal manera que, si se le quiere llamar
ahora “Paso de los pueblos indígenas”, puede llevar a confusión pues no precisa
a que pueblos se refiere.
Por otro
lado, “Paso de Cortés” es el nombre que aparece en mapas, documentos oficiales
y obras históricas, y cambiar ese nombre acarrearía más confusión en los
archivos históricos y geográficos.
No cabe
duda, nos guste o no nos guste, que la conquista forma parte de nuestra
Historia, una Historia que no la podemos borrar o negar con sólo cambiar
nombres (o derribar estatuas), y sería eliminar parte de nuestro pasado.
Me quedo
con la leyenda que aparece en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco:
«No fue triunfo ni derrota, fue el doloroso nacimiento del pueblo mestizo que es el México de hoy.»
jlramirez@itesm.mx

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